Llevo varios días, como todo el mundo, leyendo en prensa una serie de declaraciones a propósito del obispo Munilla que me parecen extremas. La verdad no le conozco de nada. No se de él. Le he visto en foto y en la tele. Tan solo se que era obispo de Palencia y se va a Gipuzkoa, su tierra natal. Al ver la reacción que han tenido muchos de los sacerdotes que cumplen su misión pastoral en esa diócesis me he acordado de una escena del Evangelio. Aquella en la que Jesucristo –en su vida pública- vuelve a Nazareth y tiene que salir corriendo porque le empiezan a apedrear. Que nadie es profeta en su tierra lo sabemos todos pero no cabe duda que este hecho lo corrobora.
De Munilla dicen que es conservador. También he oído que es fundamentalista. ¡Y otras muchas más! Y ni siquiera ha llegado a tomar posesión de su cargo como Pastor de almas. Porque lo que Munilla está llamado a hacer no es gobernar al pueblo vasco. ¡Eso ya pasó! El estado confesional pertenece al pasado de este país pero algunos no se han dado cuenta. Cuánta gente hay por el mundo reivindicando el progresismo, la “libertad” en la Iglesia, y son ellos mismos los que optan por la continuidad y el conservadurismo. ¡Vaya tragedia! Querer ser moderno y no poder.
Desde mi humilde opinión de cristiana de a pie, que no tiene ningún cargo ni civil ni eclesiástico, que no pertenezco a la jerarquía de la Iglesia propongo que apoyemos al Pastor que el Papa propone. Que recemos por él, para que sea santo y ayude a que la diócesis de Gipuzkoa crezca en calidad y en cantidad. Ayudemos a este nuevo Pastor a poder cumplir con su misión. Y si viéramos –con el tiempo- que no cumple bien con lo que le han encomendado digámoslo, pero en el lugar oportuno.
Hace 4 horas

